Padre


Una vez te cambié por el mundo,
                    y me fui con el alma
de placeres sedienta.
Me abracé a la brutal apariencia
de este siglo que todo lo ostenta.

Me alejé con el pecho inflamado
                        de pasiones ahumadas,
y solté tu presencia;
por jactarme de sabelotodo
Desprecié tu sagaz inocencia.

Me hiciste tanta falta
                 en esa noche hambrienta...

Y me hundí con tu herencia en el barro
                       para ver lo que el mundo
en su seno escondía;
no había nada en la luz de sus fauces
nada más que desgracia tardía.

Porque yo te cambié por un sueño
                        de fragancia elegante
y sustancia siniestra.
Pero fuiste corriendo a mis brazos
cuando quise volver a tu diestra.

Me hiciste tanta falta
                  en esa noche hambrienta…