Con el tiempo las hojas
se me fueron cayendo,
y una tarde las venas
se me fueron de savia.
Era el tiempo de las cosas muertas,
de las nubes secas, de las noches agrias.
Antes me pisaba el pecho
contra el suelo firme,
como el día cuando fui semilla;
como entonces cuando fui raíces.
De repente me asomé a tus luces
y a las horas se me fue el olvido;
de las manos me brotaba el alma
como fruta fresca que saltó al vacío.
Cuando el beso fue flor
y entonces los brazos
y luego las ramas,
y de pronto el amor.